El cambio en los modelos empresariales

Ibermática Corporativo, Digital

Juan Ignacio Sanz

"Se habla poco de otro gran cambio que las TI han producido en estos años, y que a su vez es uno de los aceleradores de la innovación y rápida creación de tecnologías disruptivas: el cambio en los modelos empresariales"

En los últimos años hemos visto gran cantidad de innovaciones tecnológicas, que se han ido sucediendo a un ritmo cada vez más rápido. De hecho, las tecnologías de la información han sobrepasado el ámbito de aplicación exclusivamente empresarial y han cambiado nuestra forma de vivir y relacionarnos.

En todos los sectores de actividad, desde la Banca a la Salud, la coincidencia de tecnologías maduras como la movilidad y el inmenso avance en la capacidad de cálculo, así como en la inteligencia artificial necesaria para procesar grandes volúmenes de datos, permiten actualmente acceder de forma inmediata y sencilla a información de lo que ocurre en cualquier lugar del mundo, interactuar y operar con bancos, médicos, y cualquier agente económico, de forma que los patrones sociales y relacionales han cambiado. Los riesgos en la seguridad o en el uso fraudulento de la información como mecanismo para influir en la opinión pública (el caso de Cambridge Analytica es paradigmático) están ahí, pero la ola de digitalización es imparable y la tecnología de la seguridad y los mecanismos legales permitirán la adecuada regulación al respecto.

En el futuro (cercano) veremos cambios increíbles en la salud e incluso en los modelos de relación de los Estados con los ciudadanos. Le democracia directa dejará de ser un sueño para convertirse en una realidad cotidiana.

Sin embargo, se habla poco de otro gran cambio que las tecnologías de la información han producido en estos años, y que a su vez es uno de los aceleradores de la innovación y rápida creación de tecnologías disruptivas: el cambio en los modelos empresariales.

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Juan Ignacio Sanz, director general y consejero delegado de Ibermática.

Hasta los años 90 las empresas eran organizaciones con una jerarquía clara, con muchos años de historia (de hecho, la antigüedad y la solvencia se consideraban un activo empresarial), en las cuales la innovación era un proceso empresarial establecido y que funcionaba de forma regular. En ese contexto, los puestos directivos se ocupaban tras años de esfuerzo y cualquier joven profesional entraba como becario, con el objetivo de desarrollar una carrera de por vida en la misma organización. La creación de una empresa era un proceso complejo, en el cual encontrar financiación era a menudo una barrera insalvable para muchas buenas ideas.

Ahora, en estos 25 años que han visto la creación de empresas como Facebook, Amazon o Uber, con crecimientos exponenciales en periodos increíblemente cortos, nos encontramos con un nuevo modelo de gestión empresarial que se caracteriza por:

.- Las organizaciones no son jerárquicas, se fomenta la colaboración entre todos y el libre flujo de ideas.

.- La innovación deja de ser un proceso para ser un suceso que emana del análisis permanente de nuevas ideas, que puede proponer cualquiera.
.- El objetivo de cualquier joven profesional es, por orden: montar su propia empresa, desarrollar sus ideas en una empresa, desarrollar su carrera profesional en varias empresas.

.- Las empresas han dejado de ser un lugar donde se “trabaja” a un sitio donde uno “se divierte”. La consecuencia de esto es la desaparición de las barreras entre el ámbito privado y profesional (todo es lo mismo) que permiten que el trabajo sea continuo ya que pasa a ser la propia vida.

.- La cultura de la inversión en start-ups destroza los modelos tradicionales. Las perspectivas de crecimiento exponencial de una inversión arriesgada hacen que los criterios de evaluación riesgo/beneficio se volatilicen. El nuevo paradigma es invertir en 100 start-ups para ver si una de ellas realmente tiene éxito (lo que se ha llamado un unicornio), de forma que los beneficios compensen sobradamente el resto de inversiones fallidas.

.- La captación del talento es una prioridad en las organizaciones. Esto obliga a ciclos de renovación de los equipos profesionales muy rápidos, para que puedan estar al día del vertiginoso ritmo de innovación tecnológico. Por primera vez en algunas organizaciones se valora más a las nuevas incorporaciones que al equipo existente.

.- El valor de una empresa ya no está en su plan de negocio (cuando existe), ni en una cuenta de resultados razonable, sino en el potencial de desarrollo futuro o su aporte de valor una vez integrada en una gran corporación. Los ciclos de lanzamiento de las nuevas tecnologías son tan cortos que no hay tiempo material para rentabilizar las inversiones.

Este nuevo paradigma de gestión empresarial ha permitido el crecimiento en tiempo récord de grandes corporaciones que han surgido de una idea, pero también sonoros fracasos.

¿Qué nos espera en los próximos 25 años? ¿Seguirán existiendo empresas como las conocemos? ¿Habrá empresas sin trabajadores? ¿Se podrán crear empresas ad-hoc para un tiempo delimitado de horas o incluso segundos para determinadas operaciones? ¿Será factible que entidades artificiales, al igual que trabajan, puedan crear empresas?

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