Algunas lecciones en gestión de tecnología

Ibermática Corporativo

El autor aglutina en este texto una serie de cinco artículos orientados a "resumir las lecciones fundamentales que he aprendido estos años sobre cómo se gestiona la tecnología"

Guillermo Dorronsoro, director de Zona Norte de Ibermática.

Parte 1:

He pensado que podía dedicar una serie de 5 artículos a resumiros las lecciones fundamentales que he aprendido en estos años sobre cómo se gestiona la tecnología. Una parte de teoría y una parte de práctica, y algo de lecturas adicionales para los alumnos más aplicados. En la primera entrega, os introduciré el Manual de Frascati y el Manual de Oslo (este último acaba de publicar a finales de 2018 su edición más reciente). Dos libros de cabecera que cualquier gestor tecnológico debería tener de fondo de armario.

En la segunda, repasaremos algunas ideas básicas sobre cómo gestionar desde la empresa la “investigación básica”, que también solemos llamar “ciencia”, y que se corresponde con la primera “I” de la expresión “I+D+i”. En la tercera, nos detendremos en la “D” de “desarrollo”, y que es la más propiamente relacionada con el tema de la gestión de la tecnología (aunque en muchas ocasiones nos referimos a ella también como “investigación aplicada”, o también “transferencia”). La penúltima entrega estará dedicada a la gestión de la última “i”, la inicial de la “innovación”. Algo que se ha puesto muy de moda en los últimos años, pero que en general se ha enseñado y se sigue enseñando de forma bastante desordenada y dispersa, mezclando churras con merinas sin demasiado fundamento. Por fortuna, poco a poco va decantando, y cada vez más se va aclarando cómo se puede gestionar de manera razonable eso de la innovación en la empresa (la tecnológica, y también la no tecnológica). El quinto y último artículo estará centrado en los signos “+” de la fórmula “I+D+i”, que son tan importantes como las letras, pero también son los más difíciles de aprender…

Las personas que tengáis la paciencia de leer los cinco capítulos, podréis solicitarme que os envíe por correo el correspondiente título de este innovador formato de “aprendizaje por entregas”. Lo mismo recuperamos el éxito de las “novelas por entregas” (no confundir con folletines o radionovelas), que ya sabéis que ha dado grandes obras y personajes inolvidables. Algunos más clásicos (como Madame Bovary o Los hermanos Karamazov), y otros más populares (como Las Aventuras de Sherlock Holmes o El Conde de Montecristo)…

Cada capítulo solía acabar con un “cliffhanger”, una palabra inglesa sin traducción al castellano, pero que Wikipedia describe así: “Recurso narrativo que consiste en colocar a uno de los personajes principales de la historia en una situación extrema al final de un capítulo o parte de la historia, generando con ello una tensión psicológica en el espectador que aumenta su deseo de avanzar en la misma.”

El cliffhanger de este capítulo va a ser dejaros con la intriga de qué significan las siglas del título que conquistaréis si leéis los cinco capítulos. MOOC está ya cogido, y Máster requiere algo de más esfuerzo (si exceptuamos los que se otorgan a algunos políticos, quiero decir), así que he optado por “CREPES en Gestión de la Tecnología” ¿Qué significa CREPES? La respuesta, en el próximo capítulo…

Parte 2:

Oímos con frecuencia los acrónimos “I+D”, “I+D+i” (Investigación + Desarrollo + Innovación), y sus equivalentes en inglés “R&D”, “R&D&I” (Research & Development & Innovation), o también “ST”, “STI” (Science, Technology, Innovation).

En la última década, han adquirido un cierto protagonismo y relevancia en la gestión de las empresas, y en los discursos de las instituciones. En muchas ocasiones, se utilizan todos ellos como sinónimos entre sí, y también se asocian a “innovación”, aunque no son lo mismo.

Para gestionar bien la tecnología, es muy interesante tener estos conceptos claros. Entender la diferencia entre las tres iniciales, y saber por qué utilizamos tres palabras distintas para referirnos a cada una de ellas. Además, como veremos más adelante, la gestión de cada una de ellas es diferente, aunque están conectadas…

El éxito de estas siglas se debe sobre todo a los estadísticos, y por eso este segundo artículo de la serie está dedicado a ellos. Con el I+D pasa algo parecido como con el PIB: todos leemos, escuchamos o utilizamos habitualmente estas siglas (Producto Interior Bruto), pero si nos preguntaran cómo se calcula, o qué mide exactamente, probablemente muy pocas personas serían capaz de responder a esa pregunta.

Aprovecho para contaros una anécdota. Muchas veces se afirma: “Este sector representa el X% del PIB”, y se ha hecho esa cuenta dividiendo la suma de las facturaciones de las empresas de ese sector entre la cifra del PIB de ese estado o territorio. Una cuenta muy mal hecha y equívoca, porque el PIB no se calcula sumando de las facturaciones de todas las empresas de todos los sectores… Bueno, eso os lo explicaré otro día : )

Para que no pasasen estas cosas al hablar del I+D, a mediados del siglo pasado, los estadísticos de los países avanzados del mundo se reunieron en la ciudad italiana de Frascati, y se pusieron de acuerdo en las definiciones y en cómo calcularlo. Pasaron a limpio sus conclusiones en la primera edición del Manual de Frascati (1963), que explica bien en qué consiste esta actividad, y cómo se mide.

Tuvieron que pasar varias décadas para que se dieran cuenta de que era importante también medir la “i pequeña”, la innovación, y a eso dedicaron de forma monográfica otra reunión, esta vez celebrada en Oslo. La primera edición del Manual de Oslo se publica en 1992…

Se ha avanzado mucho desde entonces en entender mejor cómo funciona esta máquina de crear prosperidad para los territorios, y ventaja competitiva para las empresas, y cada cierto tiempo se han publicado nuevas ediciones de estos Manuales, recogiendo esas mejoras. La última edición de Frascati es la séptima, y se ha publicado en 2015, mientras que el Manual de Oslo va por la cuarta edición, que se ha publicado recientemente, a finales del pasado 2018. Ambas versiones están accesibles para su descarga sin coste en Internet (en la página web de la OCDE o de la FECYT, por ejemplo). En papel cuestan unos 60 euros cada uno.

Son libros de cabecera, que ayudan a entender mejor de qué estamos hablando cuando hablamos por ejemplo de “innovación tecnológica” y distinguirlas de otras formas de innovación. También a entender las diferencias entre investigación fundamental, investigación aplicada y desarrollo experimental. Esta última edición de Oslo ha reducido también la tipología de formas de innovación, que antes se clasificaban en cuatro (producto, proceso, mercado y organización), y ahora en únicamente dos (innovación de producto, e innovación de procesos de negocio).

Algunos capítulos, sobre todo los finales, tienen interés exclusivamente para los estadísticos, pero los introductorios establecen un marco que recoge el estado del arte de los conceptos básicos del I+D+i, en su vertiente teórica, y también en su práctica empresarial.

Igual esta lección, de las cinco que componen la serie, te ha resultado muy introductoria y algo teórica, pero para construir los edificios, es importante poner buenas bases. Me conformaría con que recuerdes que I+D e Innovación son conceptos diferentes, aunque relacionados, y que si un día quieres refrescarlos tienes que acudir a las últimas versiones de los Manuales de Frascati y Oslo. Bueno, y de paso, que el PIB de un país, no se calcula como la suma de las facturaciones de sus empresas : )

La siguiente lección, nos meteremos con la I grande de la ecuación, la Investigación…

Parte 3:

Siguiendo el turno en esta serie, nos toca hoy escribir de la “I grande”, de la Investigación básica, también llamada “Investigación no orientada”. Se llama así porque no busca directamente un objetivo práctico que genere valor a corto plazo, sino ensanchar las fronteras del conocimiento de la Humanidad (con independencia de si con ello se puede hacer negocio, o no).

Puede centrarse en lejanos planetas, en las partículas subatómicas, o en una época remota de la historia. Y también en nanomateriales, superconductores, o nuevos algoritmos de inteligencia artificial. Abarca disciplinas de ciencias y también de letras, y sigue un esquema común (el método científico).

Las personas que se dedican a la investigación básica no cobran por difundir sus descubrimientos: los exponen gratuitamente en un número reducido y selecto de revistas científicas, y su éxito se mide por el número de citas que consiguen sus publicaciones (“Publish or Perish”, “Publica o muere”).

Estos artículos no son fáciles de leer y entender para los no iniciados. Incluso las revistas que tienen un carácter más divulgativo (te sonará Nature, o Scientific American), requieren casi siempre de ciertas dosis de humildad para aceptar que de la mayor parte de los artículos que encontrarás en ellos, no vas a saber de la misa la media…

Hay algunas personas que piensan que este tipo de investigación es un lujo, un gasto superfluo, y en particular desde el mundo de la empresa no se le presta habitualmente demasiada atención. En algunos casos, incluso, se llega a reclamar menos fondos públicos para este tipo de investigación, y más recursos para la investigación de carácter aplicado, o para la innovación.

Sin embargo, los que estudian esto del I+D+i defienden que si no tienes “I” es prácticamente imposible que puedas desarrollar adecuadamente la “D+i”. Unamuno se equivocaba bastante con esto del “que inventen ellos”, no se puede cortar y pegar esto de los avances científicos. Si analizamos los principales “Hubs” de innovación en el mundo, veremos que están estrechamente conectados con nodos con una alta concentración de universidades y centros de investigación de primer nivel, por sus publicaciones punteras.

Otra cosa es que esta relación entre las diferentes iniciales no se puede simplificar, como si fuera una cadena de producción. Se trata más bien de un ecosistema, en el que las relaciones son más complejas, y en el que no siempre funcionan adecuadamente. Tan malo como el error de Unamuno, es el contrario: “Como este territorio o esta empresa invierten mucho dinero en Ciencia, eso quiere decir que son muy innovadoras”. No necesariamente…

¿Para qué le puede servir entonces a una empresa o a un país la investigación básica?¿cómo se gestiona en la práctica la “I grande”? La respuesta tampoco es sencilla, aunque te dejo algunas claves que puedan ayudarte a empezar a pensar en ello.

Una primera clave es la prospectiva y la vigilancia tecnológica, entender cómo las investigaciones de hoy, pueden afectar a mi negocio mañana. Porque hay muchas ciencia básica que progresa hasta convertirse en aplicada, y cuanto antes tengas el mapa de lo que viene, más tiempo tendrás para prepararte adecuadamente.

Igual que vigilas a tus competidores y procuras entender cómo evoluciona el comportamiento de tus clientes, deberías vigilar aquellas ramas de investigación que pueden impactar en tu producto o proceso. Ese mapa se suele llamar “roadmap tecnológico”, y conducir tu empresa sin él, te puede llevar a un atasco o, peor, a una vía muerta.

Esto, que siempre ha sido cierto, se va convirtiendo en más relevante a medida que se acelera el cambio tecnológico. Cada vez se dedican más recursos en el mundo a la investigación, y eso hace que la ciencia progrese más rápido.

No digo yo que no haya que poner foco en el día a día, pero cuando las empresas se centran exclusivamente en el corto plazo, empiezan a morir. Es preciso levantar la mirada y entender por dónde está llegando el futuro.

Te dejo con una cita de Arizmendiarrieta: «Renovarse o morir. El signo de la vitalidad no es durar sino cambiar, y tratar de contar con el futuro. La investigación es presupuesto ordinario para ello”.

Parte 4:

En el repaso de las claves de la I+D+i, nos toca el turno de la D (Desarrollo Tecnológico), que recorre el difícil camino que va desde el descubrimiento científico hasta su aplicación en condiciones rentables de mercado (han bautizado este viaje con el sugerente nombre de “valle de la muerte”).

Es la actividad más característica de los centros tecnológicos y de los departamentos y unidades de I+D en la empresa, que tratan de aplicar un nuevo conocimiento en sus productos o en sus procesos.

Es una actividad de riesgo, porque muchas veces nos equivocamos al calcular el tiempo o la inversión asociada a estos desarrollos. Hay muchos proyectos que, después de años, acaban en vía muerta porque no han sido capaces de solucionar los problemas técnicos, legales o de mercado que han ido surgiendo. Apostamos por tecnologías que no están suficientemente maduras, o por el contrario también puede ocurrir que surjan alternativas más económicas o que aportan mayores ventajas.

Eso ocurre en todas las actividades económicas: el riesgo es inherente a la empresa. Pero en el caso de los desarrollos tecnológicos, el nivel de riesgo es en muchos casos tan alto que no se justificaría aplicar los recursos de la empresa a esa aventura.

Por eso durante tiempo se utilizó incorrectamente la expresión “Gasto en I+D”, porque se asumía que los recursos que se dedicaban a estas actividades era mejor no recogerlo como una inversión, y lo correcto era considerarlo un gasto. Por eso se admite que las empresas pueden mitigar ese riesgo acudiendo a subvenciones de las administraciones públicas, o aplicando medidas de desgravación fiscal, que ayuden a reducir el importe de ese gasto.

En el tiempo, se ha tratado de corregir esa mirada, poniendo el acento en que realmente se trata de una inversión, y por eso se ha tratado de sustituir las subvenciones por préstamos bonificados.

Porque no debería ser imprescindible tener una subvención para poder acometer un desarrollo tecnológico. Una empresa puede decidir invertir sus propios recursos, a cambio de los beneficios futuros que obtendrá gracias a esa inversión. En 2018, Amazon invirtió 22.6000 Millones de Dólares en estas actividades, Google 16.200, Volkswagen 15.800…

La lista de las empresas que más invierten en la “D”, coincide sospechosamente con la lista de las que más valor acumulan en bolsa… Es un círculo virtuoso: las empresas que más invierten en nuevos desarrollos tecnológicos, pueden desarrollar ventajas en el mercado que les permiten incrementar sus beneficios, que de nuevo pueden invertir en mejorar sus productos y procesos.

Ese volumen les permite gestionar un portfolio de proyectos de diferentes perfiles de riesgo y plazo de retorno. Se pueden permitir invertir en proyectos de mucho riesgo y alta rentabilidad, porque con uno de ellos que salga bien, justificará la inversión en el resto de proyectos fallidos.

¿Cómo afrontar la actividad de desarrollo tecnológico si en tu empresa el presupuesto disponible es ajustado? Aquí van algunas ideas fundamentales.

La primera idea es la de gestionar portfolio. Nunca es buena idea poner todos los huevos en la misma cesta. Porque si estamos muy seguros de que el proyecto irá bien, su resultado nos diferenciará muy poco. Y si hay mucho riesgo de que vaya mal, podemos encontrarnos con una cesta vacía… También hay que gestionar corto, medio y largo plazo ¿Tienes tu “mapa” de proyectos?

La segunda idea es gestionar ecosistema. Si uno no tiene suficientes recursos, es preciso pescar en el ecosistema público-privado: subvenciones, desgravaciones, préstamos bonificados son una parte de este puzzle. Pero también la colaboración con centros tecnológicos, universidades, startups… Una buena gestión del ecosistema de I+D ahorra muchos recursos a la empresa ¿Tienes tu mapa de alianzas?

La tercera idea, es acelerar dentro de la empresa la conexión con el Departamento de I+D con el mercado. En ocasiones, esa cultura de que estas actividades eran un gasto dedicado a hacer proyectos alejados del mercado, ha calado en las empresas, y sus áreas de tecnología son islas desconectadas del resto de la organización, que justifican su existencia en las subvenciones y no en las ventas del año que viene…

Hay más ideas, algunas de ellas las veremos en el próximo capítulo de “innovación”, que cierra este ciclo.

Y parte 5:

Acabamos la serie de lecciones con la “i” pequeña y con los signos “+” de la fórmula “I+D+i”. Esta segunda “i” de la fórmula se escribe con minúscula, aunque en muchos sentidos es la más importante…

Una primera reflexión es que la innovación puede venir de muchos sitios, no solo de la I+D. Por eso se habla a veces de “innovación tecnológica” (la que viene del I+D), y de “innovación no tecnológica”. En este artículo hablaremos solo de la primera, dejamos la segunda para otra serie… Por cierto, las últimas estadísticas publicadas en Abril por Eustat nos dicen que sigue cayendo el porcentaje de empresas que dedican recursos a la innovación (de ambos tipos) en nuestra Comunidad…

El concepto de “innovación tecnológica” es sencillo: se trata de llevar al mercado con eficacia los descubrimientos científicos y tecnológicos. Un ejemplo paradigmático es el rayo láser. Einstein, en 1915, sienta las bases científicas (esto sería la I, la Ciencia). Pero el primer láser, construido por Theodore Maiman, funcionó por primera vez el 16 de mayo de 1960 (esto sería la D, la Tecnología). Hubo que esperar hasta 1969 para la primera innovación: aplicarlo a la soldadura de chapas metálicas. Hasta 1980 para su aplicación a los compact disk. Hasta 1994 para su uso en los rádares de detección de velocidad en carreteras…

Conseguir que este proceso desde la ciencia y la tecnología hasta el mercado sea lo más rápido, sistemático y eficaz posible, es el objetivo de la “gestión de la innovación tecnológica”, y es un reto tan apasionante como los dos anteriores.

Al científico le mueve la pasión del descubrimiento, del conocimiento. Al tecnólogo el pasar de la teoría a la práctica. La pasión del innovador es la de convertir todo lo anterior en valor, ya sea valor económico, social, o medioambiental, y poner ese valor al servicio de todos. Cuando las tres pasiones se suman, la Humanidad avanza.

Por eso la innovación y el signo “+” están conectados. Por eso las naciones, los territorios y las ciudades que construyen ecosistemas de I+D+i, reciben como recompensa prosperidad.
A partir de aquí, la pregunta del millón es ¿cómo es una persona innovadora? ¿cómo es una empresa innovadora? ¿cómo se construyen esos ecosistemas de I+D+i? ¿cómo se gestiona la innovación?
Como en el resto de artículos de esta serie, comparto algunas intuiciones, algunas ideas fundamentales, y te dejo a ti la tarea de profundizar en ellas.

La primera idea tiene que ver con entender el ritmo al que avanzan las ideas, es la clave fundamental. Los mercados necesitan un tiempo para madurar, la inercia es una fuerza poderosa. Muchos proyectos de innovación fracasan por anticiparse al momento adecuado. Muchos fracasan por esperar demasiado. La gestión de los tiempos es la asignatura troncal de la gestión de la innovación.

No basta con acertar con ese momento: una vez que ha llegado, la velocidad de despliegue es fundamental. Hay que estar preparado para atender a la demanda masiva del mercado, para dar respuesta al crecimiento exponencial. Para poner en marcha una organización capaz de atender ese crecimiento (y para financiarlo).

En este juego de tiempos y velocidades, es donde tiene más sentido la colaboración entre start-ups y empresas consolidadas. Porque es más normal que la que acierte con el momento sea una empresa pionera y sin inercias, pero también lo más normal es que en la velocidad de despliegue tenga ventajas ser una empresa que ya tiene mecanismos de mercado desarrollados, y músculo financiero para sostener la curva de crecimiento.

Realmente, la innovación no se gestiona dentro de una empresa, sino a una escala más amplia, en un ecosistema que reúne agentes de I+D, una cultura emprendedora, y una capa de corporaciones empresariales y financieras que son capaces de identificar y apoyar las innovaciones cuando llega el momento de su despegue.

¿Quieres que tu empresa sea innovadora? Invierte en crear ese ecosistema, y verás cómo la innovación fluye a tu alrededor y dentro de tu empresa. Eso supone una cultura empresarial diferente, más abierta. Apostar por las personas que se arriesgan a experimentar y hacer cambios…

Después de leer estos artículos, eres ya todo un experto en I+D+i, no tienes excusa para no cambiar las estadísticas : )

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