Generaciones

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La estructuración de las generaciones tiene más importancia de la que parece. Cada una comparte experiencias vitales que marcan huellas que no se ven, pero que existen.

No siempre hay acuerdo en las fechas, aunque suelo verme encuadrado en la Generación del Baby Boom, los nacidos entre 1949 y 1969. Las personas que pertenecemos a esta cohorte nos hemos empezado a jubilar ya, después de haber tenido la suerte de desarrollar nuestra carrera profesional en una de las etapas más prósperas de la economía (entre 1970 y 2020). Como referencia, el PIB en España se ha multiplicado por 30 en estos 50 años.

Guillermo Dorronsoro, director de Zona Norte de Ibermática.

No es evidente que vayamos a conocer esa misma prosperidad en nuestra última etapa. La edad media de jubilación efectiva es ahora de 64,2 años, con una esperanza de vida de al menos veinte años más, en los que veremos probablemente tambalearse al Estado del Bienestar en general, y a nuestras pensiones en particular.

Porque nuestra generación, que supera en número los 12 millones de personas, estamos sosteniendo las prestaciones de la anterior, que eran poco más de 6 millones. Pero las que nos siguen, que tendrán que sostener las nuestras, vienen más flacas. La Generación X (1969-1980) son 9,3 millones, la Y o Millennial (1981 – 1993) son 7,2 millones y la Z o Centennial (1994 -2010) son 7,8 millones.

La última generación, nacidos a partir de 2010, todavía no tiene un nombre muy claro. Se ha terminado el alfabeto, así que algunos han empalmado con el griego y la llaman generación alpha, otros generación T (no está claro si de táctil por las pantallas o de tecnológica, por todos los gadgets en general). Tampoco se sabe cuántos serán, aunque no tiene pinta que venga una explosión de familias numerosas, así que andarán también por los 7 millones, o quizá alguno menos.

Dicen los sociólogos que cada generación venimos como media cortados por un mismo patrón, por haber compartido experiencias vitales similares. Los baby-boomers somos ambiciosos, aunque nos ganan los X, que crecieron en la cultura del pelotazo y por eso el éxito les llama mucho la atención. No así a los Millennials, que han iniciado su carrera profesional en medio de la frustrante década perdida tras la crisis global, o los Centennials que llegan a un mundo tan diferente que prefieren no hacerse demasiadas expectativas de nada.

El otro día me explicaban las diferencias fundamentales entre estas dos últimas, entre la Y y la Z, en relación con su forma de entender su carrera profesional (los Z empiezan a asomarse ya al mercado laboral). Las dos generaciones, Y y Z, tienen más sensibilidad por los problemas sociales que las anteriores y son radicalmente digitales, pero en otras cosas son muy diferentes.

Los Centennials tiene más ganas de cambiar el mundo que sus predecesores (61% frente a 39%), y casi todos asumen que van a tener que trabajar más que ellos (el 77%, en concreto). Así que no están tan preocupados por las tardes libres, y las estadísticas dicen que el 60% de los nacidos en la Generación Z están dispuestos a trabajar por la noche o los fines de semana si con ello van a conseguir más retribución.

Son más pesimistas, no tienen fronteras tan claras entre el trabajo y la vida privada, y en los dos ámbitos, laboral y personal, tienen mucha más preocupación por proteger su privacidad frente a los nuevos “Gran Hermano” (Google, Amazon, etc…).

Los GenZ también se parecen más los Babyboomers y GenX en que prefieren trabajar solos y son más competitivos, a diferencia de los Gen Y, que son más cooperativos y prefieren el trabajo en equipo.

En fin, si estás interesado en estas cosas, escríbeme y te doy la referencia del estudio. Como siempre, estas generalizaciones hay que cogerlas con algo de precaución, empezando porque el estudio del que te hablo no está centrado en una geografía concreta. Es evidente que la globalización ha tenido un efecto uniformizador, pero también que las experiencias vitales en Japón, USA, Alemania o España no son exactamente las mismas…

Lo que quizá sí es importante tener en cuenta, es que personas de diferentes generaciones llevamos mapas distintos en la cabeza, la hemos amueblado de forma distinta. También que cuanto más mayores, más muebles. Irremediablemente nuestras experiencias nos pesan más y vamos dejando menos sitio para nuevas ideas (sobre todo si nos ha ido razonablemente bien en la vida…).

Conviene hacer sitio entre todos nuestros cachivaches a un teléfono que nos permita hablar y entendernos con los más jóvenes. Sus mapas están más actualizados, entienden mejor el mundo que tenemos, y el que está llegando.

Artículo publicado en Empresa XXI.

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