Innovar, la otra vacuna contra la pandemia

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Los que siempre hemos creído en la innovación seguimos apostando por ella y el tiempo nos ha dado la razón

Desde que aquel primate cogió un palo, o una piedra, o ambos, y empezó a utilizarlos para golpear a algo o a alguien, no hemos dejado de innovar. De hecho, innovar es una de las características que nos definen como especie, y que ha permitido que evolucionemos hasta lo que somos hoy, seamos lo que seamos. Por lo tanto, dejemos de una vez a un lado el debate baldío de si la innovación existe, o debe existir, de si innovamos o si no: innovamos, sí, siempre; y punto. Unos más, otros menos, unos más tácitamente y otros más explícitamente; unos como suceso más o menos afortunado y otros como proceso estructurado; unos con inversión y otros con subvenciones; de diferentes formas, tamaños y colores, todos innovamos.

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Iñaki del Río, director de Innovación en Ibermática.

Otra cuestión es cuándo empezamos a estructurar nuestras organizaciones para abordar procesos estructurados de gestión de la innovación de forma explícita. Un arqueólogo de la innovación apenas podría encontrar fósiles de estas estructuras en empresas y organizaciones más allá de la primera mitad de la primera década del presente siglo (“… éramos tan jóvenes…”). Lejos quedan ya aquellas ‘Direcciones de Innovación’, ‘Consejerías de Innovación’… Para los menos crédulos, puedo asegurar que incluso llegó a haber un Ministerio de Innovación.

El mismo arqueólogo previamente mencionado podría analizar la serie evolutiva de las áreas organizativas dedicadas a la Innovación, y podrá colegir que hay modas en torno al término y a su estructuración en las empresas: de la no existencia de la palabra “innovación” en el nombre de ningún departamento de la organizaciones, empezó a surgir tímidamente como apellido de algunos: ‘departamento de calidad e innovación’, ‘departamento de procesos e innovación’, ‘departamento de recursos humanos e innovación’… El nombre al que acompañaban daba una idea de la posición de la organización respecto a la idea de innovar.

En 2005 llegó el “hype”: los departamentos ascendieron a “direcciones” (en las empresas) y a concejalías, consejerías y ministerios (en las administraciones públicas). El término quedó sin acompañante en el enunciado, en exclusiva, como actor principal: “Dirección de Innovación”. Y llegó la crisis de 2008 (malditas crisis). Y apenas habíamos estrenado nuestras flamantes organizaciones de innovación, empezaron los recortes. ¿Sería suficientemente importante la innovación como para que no les afectaran? ¿Nos creíamos de verdad nuestros propios discursos sobre las bondades de la innovación como para no dejarla a un lado a la primera de cambio, ante las primeras dificultades?

El arqueólogo de la innovación nos da la respuesta siguiendo la ya mencionada serie evolutiva: A las Direcciones de Innovación se les añadió un área de complemento, para aprovechar tiempos muertos, desandando el camino previo: ‘Dirección de Innovación y Calidad’, ‘Dirección de Innovación y Procesos’… hasta hoy.

La crisis tensionó, cuestionó el modelo. Y sirvió para separar el grano de la paja: los que se habían sumado a la innovación por moda, la dejaron a un lado. Pero los que creíamos realmente en ella, los que entendíamos que la innovación era la vía para evolucionar, seguimos apostando por ello, y el tiempo nos ha dado la razón. La evolución experimentada en la última década por las organizaciones ha definido el patrón de correlación directa entre innovar y éxito empresarial. No, no es sólo correlación: hay causa efecto.

Y en éstas estábamos cuando llega una nueva crisis, la maldita Covid-19, la pandemia. Pero esta vez, afortunadamente, el planteamiento es diferente. Esta vez, como exigen los procesos evolutivos exitosos, hemos aprendido de anteriores errores. Esta vez nadie cuestiona la innovación. En el ámbito sanitario, la consecución de una vacuna en tiempos récord, con inversiones multimillonarias y con grados de eficacia (tengo dudas sobre la eficiencia) nunca vistos, es una buena muestra de ello. En el ámbito de las tecnologías de la información, vamos por la misma línea. Los retos de la digitalización están más presentes que nunca, y las empresas, tanto las TIC como nuestros clientes, lo tenemos claro. Las administraciones apuestan por el modelo: Next Generation es una prueba de ello, quizá la apuesta más importante de la historia, en términos económicos, al menos, por la promoción de la innovación. La digitalización de las organizaciones, la transformación digital es el nuevo reto, el nuevo paradigma.

En Ibemática lo tenemos claro. Siempre lo hemos tenido. Nuestra apuesta por la innovación ha sido y es incondicional. Los resultados nos avalan. La innovación es la mejor vacuna contra esta pandemia, y contra cualquier otra crisis que nos venga en el futuro. Lo tenemos claro.

¿Y tú?

Seguimos.

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