Luces largas, luces cortas

Ibermática Corporativo

Nos distraemos de los verdaderos retos que deberían centrar nuestra atención: mitigar la tensión geopolítica y remediar las causas del cambio climático

Escribe en un reciente artículo James K. Galbraith (no confundir con su padre, también economista, John K. Galbraith), que el ruido de fondo global del incremento de la desigualdad y la necesidad de ajustar el capitalismo nos está distrayendo de los verdaderos retos que deberían centrar nuestra atención y nuestro foco en este momento: detener la escalada de la tensión geopolítica (que puede acabar en conflicto bélico) y poner un remedio eficaz a las causas del cambio climático.

Guillermo Dorronsoro, director de Zona Norte de Ibermática.

Pone estos dos últimos retos por delante, porque su potencial destructivo sobre la Humanidad es definitivo. Un conflicto nuclear entre USA y China, o alcanzar el “punto de no retorno” en el calentamiento de la atmósfera se pueden llevar fácilmente por delante todas las demás preocupaciones (muerto el perro, se acabó la rabia, que decían antes en los pueblos).

He leído con interés el artículo (lo puedes encontrar en Project Syndicate), porque me gusta leer a los que dicen cosas algo diferentes, porque no siempre tienen razón pero por lo menos te ayudan a pensar.

También escuché con interés la conferencia que pronunció hace unos días en Bilbao Alfredo Arahuetes, senior fellow del Real Instituto Elcano (gracias a la Fundación BBK, que lo invitó). Explicaba que deberíamos repensar esa idea de que la solución a los problemas de los países desarrollados es incrementar las exportaciones.

La lógica es sencilla: la globalización funciona bien para los exportadores cuando hay países que importan. Pero deja de funcionar cuando todos queremos jugar ese juego: es matemáticamente imposible que todos los países exporten más de lo que importan, porque la suma de exportaciones e importaciones debe cuadrar.

Estas últimas décadas la receta que teníamos en momentos de crisis del consumo interno era sencilla: explicábamos a las empresas que la solución era internacionalizarse, exportar más, y de esa manera compensar la caída de los mercados interiores. El problema viene cuando la desaceleración global es sincronizada: los países emergentes aplican esta misma receta (exportar más como remedio a la crisis de consumo interno).

El ejemplo es Alemania, la locomotora de Europa, que está sufriendo una crisis industrial desde hace meses por el impacto de los aranceles en el comercio internacional (no están ayudando la reconversión acelerada de los sectores de automoción, industria y energía). Angela Merkel podría ayudar a su industria si decidiese impulsar la demanda doméstica, pero le pesan décadas de lógica de austeridad (nosotros no gastamos, que gasten otros y nosotros exportamos, todo resuelto…).

Estados Unidos se está librando un poco mejor que Europa, porque su demanda interna (y la de algunos países de América Latina que todavía controla), le pueden ayudar a pasar este trago. En eso confía ese aparentemente descerebrado, pero no tanto, que todavía preside USA (otro día hablamos de las primarias de demócratas y republicanos, que merecen la pena una conversación tranquila).

Esa lógica de balanzas comerciales desplazadas hacia la exportación funciona bien mientras que otros (China, por ejemplo), las aceptan. Pero cuando ellos tienen la fuerza para imponer sus reglas, esa lógica deja de funcionar. Y, quizá, toca empezar a pensar de nuevo en la demanda interna. No es broma: algunos economistas están resucitando la idea del “helicopter money” de Keynes, “regalar” dinero a los ciudadanos para que consuman más…

Te cuento todas estas historias porque los motores de nuestra economía se están gripando (igual que los de Alemania, pero con un decalaje de tres meses). Igual España aguanta con un decalaje de dos meses más, pero no deberíamos equivocarnos y pensar que nos vamos a librar.

Tocan repensar la mirada que tenemos sobre nuestras políticas industriales, sobre la forma en la que construimos nuestro relato de prosperidad. La globalización ya no es lo que era, los países emergentes han alcanzado mayoría de edad y necesitamos reubicarnos en el mundo.

Te adelanto que no tengo respuestas. Leo a Galbraith, escucho a Arahuetes, y pienso que algo de razón seguro que llevan, aunque no acabo de cerrar el puzzle. Sigo buscando, sigo leyendo, sigo escuchando. Sobre todo, trato de conversar con personas que tienen puestas las luces largas.

Mientras tanto, todo mi respeto y admiración a los héroes que, con las luces cortas, estáis más preocupados en que las nóminas del mes que viene puedan pagarse (incluida la mía). Esas reformas son también importantes, y procuro no dejar nunca de conversar con los que asumen esa tarea titánica de sacar adelante la cuenta de resultados, mes a mes.

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