Psicohistoria

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No se pueden prever las acciones de un individuo en particular al 100%, pero las leyes de las estadísticas aplicadas a grandes grupos podrían predecir el flujo general de los acontecimientos futuros

Una de las sagas más famosas de la ciencia ficción es la serie de novelas y relatos cortos escritos por Isaac Asimov entre 1942 y 1952 bajo la denominación común de “Fundación”. Imposible hacerte un resumen de los 16 libros…

Guillermo Dorronsoro, director de Zona Norte de Ibermática.

En este artículo, me voy a quedar solo con uno de los argumentos centrales en los que Asimov sostiene estas historias: el desarrollo de la Psicohistoria, una combinación de historia, psicología y estadística matemática para calcular el comportamiento de poblaciones extremadamente grandes.

Esta ciencia se basa en la hipótesis de que no se pueden prever las acciones de un individuo en particular, pero sin embargo las leyes de las estadísticas aplicadas a grandes grupos de personas podrían predecir el flujo general de los acontecimientos futuros.

Si fuésemos capaces de desarrollar esta ciencia, podríamos saber exactamente en qué momento se iniciaría y por cuánto tiempo duraría cada crisis económica. O podríamos predecir el crecimiento de la economía mundial en los próximos diez años, por ejemplo.

Asimov ya ponía algunas precauciones. Esta ciencia solo funcionaría para poblaciones muy grandes (diez veces la población actual del planeta), y además solo si las personas se mantuviesen ignorantes de las previsiones sobre el futuro (porque, conocido el futuro, cambiarían sus decisiones y el análisis no sería válido).

Desde que leí la trilogía original que dio lugar a la serie, siempre he pensado que, igual que Verne anticipó tecnologías y vehículos que posteriormente se han hecho realidad, esta intuición de Asimov acabaría por encontrar cauce en la realidad.

Hace poco me contaban que un porcentaje importante de las mercancías que los camiones de Amazon reparten a sus almacenes distribuidos por todo el planeta no responden a compras ya realizadas, sino a las compras que estiman que se producirán en los siguientes días. Y que el porcentaje de acierto en estas predicciones había superado ya de largo el 90%, y con cada nueva iteración este porcentaje mejoraba gracias a los algoritmos de inteligencia artificial aplicados.

Una mezcla del histórico de ventas, de la psicología (comportamiento del consumidor), y matemáticas. Imagina cuando dentro de poco, con la IoT, puedan sumar nuevos datos para hacer sus previsiones.

Sabrán cómo hemos dormido (la app que vigila el sueño desde el reloj), a qué hora hemos puesto el despertador (lo pones en el móvil, ¿no?), qué café hemos elegido (el cajón de las cápsulas estará equipado y conectado con IoT), qué prensa leemos en la tableta con el desayuno, y si nuestros ojos se han fijado en el anuncio de la esquina izquierda. Si nos hemos cortado al afeitarnos y la ropa que hemos decidido ponernos hoy para salir a la calle. Eso el primer cuarto de hora. El resto del día, igual o peor.

Toda esa información estará almacenada, y algoritmos inteligentes la recorrerán sin descanso en busca de información sobre nuestros hábitos, gustos y decisiones, buscando patrones que permitan nuevas oportunidades de negocio.

Igual no aciertan exactamente con cada uno de nosotros (siempre tenemos un margen de imprevisibilidad), pero con colectivos del suficiente tamaño, el error será mínimo.

Asimov probablemente no imaginaba que se iba a poder disponer de tanta información de todos y cada uno de los individuos de una sociedad, y menos todavía que sería posible manejar esa avalancha de datos para obtener resultados. Así que cuando ponía la restricción de que solo funcionaría con poblaciones a escala galáctica, probablemente se equivocó, y podrán desarrollarse análisis psicohistóricos para poblaciones mucho más reducidas (un país, una ciudad).

Pensarás que es ciencia ficción. Pero cuando te montes esta tarde en el coche, el asistente de tu móvil te dirá “Tardarás cuarenta minutos en llegar a casa. Hay un atasco en tu ruta habitual, te sugiero esta ruta alternativa”. Y cuando enciendas el ordenador para contestar tus e-mails pendientes al llegar a casa, encontrarás un banner en el lateral con un anuncio de un viaje del que habías buscado alguna información, pero que no habías comentado con nadie…

Amazon, Alíbabá, ya están experimentando hacer llegar directamente a tu casa pedidos que todavía no has hecho. Si lo deseas, te los podrás quedar y pagar. O podrás devolverlos sin coste. Lo que tú prefieras.

Lo saben de ti, lo saben de mí, lo saben de todos. La psicohistoria está naciendo…

Artículo publicado en ‘Empresa XXI’.

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